Yo quiero tener un millón de amigos? o de FANS?

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Insisto: ‘El que tiene un amigo, tiene un tesoro. El que tiene 1.000 amigos, tiene un perfil en Facebook’.
Vivimos un momento en el que el ‘concepto de amistad‘ parece devaluarse bajo la presión de las redes sociales. Todo apunta a que nos hemos metido de lleno en la gestación de un entorno, en el que ‘lo aparente’ se impone a lo real. Hasta el punto que la reputación y la relevancia se confunden.
Pero, más allá de lo ‘aparente’, la realidad terminará demostrando -de hecho, ya lo está haciendo- que el humo, que camufla muchas actitudes y aptitudes, no es sino una cortina volátil que, cuando se diluya, dejará a la vista las vergüenzas de muchos.
En el fondo, nos ha tocado asistir al espectáculo habitual de cualquier hecho social, en el que siempre hay unacohorte de personajes que se visten de gala, tunean su personalidad y se ‘auto-venden’ como ‘ombligos del mundo’, como triunfadores de una carrera que ni siquiera ha comenzado… Sí, esa especie de animadores de las fiestas que tratan de imponer su música para que otros bailen.
Y, del mismo modo, las redes sociales están provocando un peligroso proceso de ensalzamiento del ego -individual y colectivo-, que puede terminar saturando a todos aquellos que simplemente buscaban un contacto‘proactivo, útil y honesto’.
Hemos llegado a creernos que por el simple hecho de que nos sigan miles de personas en twitter, o que en nuestros perfiles de Facebook, Linkedin o Google+ acumulemos miles de ¿amigos?, formamos parte de esa secta relevante, que induce y convence… De esa nueva raza de ‘influencers’ que tiene el poder de elegir la música para que el resto del mundo baile a su son.
Nada más lejos de la realidad…
Porque, ni la capacidad de influencia es tanta como se dice, ni la relevancia es tan voluminosa como se indica en nuestro número de seguidores.
Estoy convencido de que ‘el tiempo pondrá las cosas y a las personas’ en su lugar, y que, entre tanto humo, conseguiremos descubrir a aquellos que realmente ‘aportan, influyen y participan’ de esta nueva realidad social hiperconectada.
Estoy seguro de que, en breve, volveremos a la cordura y retomaremos ese ‘criterio’ necesario, que nos ayuda avalorar a las personas por lo que realmente son, y no por lo que tratan de aparentar.
Será entonces, y sólo entonces, cuando las redes sociales empiecen a ser un fiel reflejo de nuestra realidad y de la realidad de nuestro entorno.
Así que, hasta que llegue ese momento, lo mejor es tener siempre muy presente que ‘el hábito no hace al monje’.
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